Blog,  Escritos Propios

Cicatrices y Marcas

Durante nuestra vida vamos acumulando muchas marcas visibles e invisibles, ya sea por los años, como las arrugas, manchas, pecas, canas etc. las cicatrices que nos dejan las heridas y otras marcas emocionales de esas que no se ven a simple vista pero que están ahí quizás en lo más profundo del ser, yo marcas tengo muchas, cicatrices también, he aprendido a vivir con ellas y a quererlas y aceptarlas, en mi barriga tengo una mancha de nacimiento, no sé bien cuál es el origen de ésta, se parece a una que tiene mi mamá en su brazo, y de ser así es una linda herencia tener algo común con ella, mi mancha de nacimiento ha ido creciendo o achicando de acuerdo a mi peso, si engordo crece y bueno si adelgazo no sé si se achica, pero hoy me detuve a mirarla y definitivamente es algo más grande que antes… Tengo una cicatriz muy marcada en mi rodilla derecha, me la hice andando en bicicleta con una amiga de infancia, (a la que hoy en día con suerte saludo cuando voy a San Fernando), recuerdo haber estado andando con pantalón corto, en una bicicleta mini celeste que tenía, era vieja y tenía un fierro suelto donde se suponía que iba la chupetera, subiendo a los juegos de mi población, en una especie de vereda, no sé que me pasó pero me enterré ese puto fierro, recuerdo la sangre y una especie de oyo en mi rodilla, no fue una herida linda, y se me infectó, recuerdo haberme sacado la costra un par de veces porque tenía materia, era asqueroso pero necesario, esa cicatriz creo que fue la primera en mi vida, le tengo cariño, fue jugando, y creo q es un buen motivo para tener una marca. Ahora que lo pienso bien mis pernas son las que se han ganado más cicatrices estos 34 años de vida, tengo otras dos muy poco visibles en ambas rodillas, me saqué la cresta jugando al “Santiago, Santiago”, no sé si se acuerdan, pero era un juego en el que habían dos equipos que se tomaban de la mano y uno debía ir corriendo y romper la tomada de manos, era un juego extraño, recuerdo haber estamo muy chica, quizás en 4to o 5to  básico, jugábamos en el recreo en la Inmaculada Concepción (ahí estuve hasta 5to), me tocaba correr a mi y romper ésta barrera de manos, yo corrí con ímpetú y alguien que me quería en su equipo soltó las manos, y me saqué cresta y media, me arrastré por el piso, sangraba tanto, recuerdo que el jumper me topaba las rodillas y lloraba sin parar, llegué llorando a la casa, levantándome el jumper para que no me rozara las piernas, mi mamá, algo fatalista, pensó que me había pasado algo peor, por mi llanto al llegar a la casa, y no que había sido una simple sacada de chucha jugando, pero fue sólo eso, tuve la peladura viva por días y apenas caminaba, aún tengo marcas, leves eso si, son como manchas no muy oscuras, las llevo con honor, era muy buena pa’ ese juego.

Otra de mis cicatrices está en mi muñeca derecha, un lugar huele a suicidio dirán ustedes, pero no lo es, en ese tiempo era muy cobarde, me pasó algo bien weón a decir verdad, estaba barriendo la casa en San Fer, debo haber tenido unos 19años, al escobillón se le salió el plástico de atrás y el fierro del mismo me sacó una pequeña lonjita, no se nota tanto, pero dolió y dejó su huella.

Otra más en mis manos es una casi imperceptible si yo no supiese que existe, sólo yo logro verla, es en el dedo índice de mi mano izquierda, mientras estudiaba en el Aiep pa los veranos trabajé cortando uva, me hize un corte no muy profundo pero si muy sangrón en mi dedo, con las tiejeras podadoras, corte que incluyó uña dolio, puta que dolió, pero el dolor no fue lo peor, lo peor fue la sangre, que corria a chorros y yo no era buena para soportar eso, casi me desmayo, aún no lo soy…

Tengo las cicatrices médicas esas de las vacunas, de la peste cristal, pero ¿las tenemos todos o no?, no vale la pena ahondar ahí.

Tengo un par de cicatrices frébolas, una es en la ceja porque en la adolescencia me puse un aro (era la moda), y se me cortó, quedó mi ceja partida en dos al más puro estilo de Alvaro Ballero, no me desagrada a decir verdad, tengo un orificio debajo de mi labio porque también use un aro en el labio, era lo que se usaba, ese duró más que el de la ceja, pero dejé de llevarlo porque entré a hacer la práctica, y ya era una “adulta de 18 años”.

Tengo algunas marcas que no han sido tan dolorosas y más bien me dan risa, éstas ya son de adulta, de cuando ya vivía en stgo, “rasguños de amor”, los llamo yo, los cuales llevo con paciencia, mis perros se han encargado de hacerlos, algunas en mi brazos y otras en las piernas, ninguna tan terrible, ninguna tan dolorosa, se vuelven locos cuando llego, se vuelven locos cuando los tengo que sacar a pasear, se vuelven locos cuando tienen hambre, digamos que en ves de entristecerme me hacen feliz.

Mi última marca y que intuyo va para cicatriz segura es en mi pierna izquierda, me la hice con una piedra éste verano, hace poco menos de un mes, dolió y apenas la vi supe que sería una de esas para siempre, era verano, había sol, había agua de río para bañarse, y no iba a dejar que un corte me impidiese seguir acampando y pasándolo bien, por ende cuidados no tuvo muchos hasta dos días después, no fue tan profunda, pero dolió, lo peor es que tuve que ir con ella a Punta del Éste a mis vacaciones, aún duele cuando la toco, porque ha pasado poco tiempo,  espero sane bien, y si queda al menos recordaré lo extremo que fue ese fin de semana de acampada familiar, pasando por riachuelos, bañandome en el río, comiendo asado todos los días, y disfrutando al máximo. Creo que al final valió la pena.

Llegó el momento de hablar de la peor de todos, una cicatriz oscura, por llamarla de alguna forma, he tenido épocas difìciles, menos mal que sólo tengo una marca física de eso, y ese corte si me lo hice yo, a pesar de la sangre, y a pesar del dolor, quizás lo necesitaba en ese momento, no creo haber buscado morir, o quizás si, yo ya era una adulta, fue con una cortapluma o algo así, una especia de cuchillo pequeño, no pensé que estaría tan afilado, no pensé en nada, sólo lo hice, en un lugar que un corte más profunco puede ser mortal, pero lo hice mal, dolió demasiado, sangró en exceso, cicatrizó pésimo y no me quitó el dolor del alma que tenía en ese momento, hoy la llevo con algo de verguenza, han pasado años de eso ya y aún me echo cremas pa ver si se borra un poco, al principio era peor, bastaron meses para que dejara de doler, cicatrizó con algo de queloide, con una máquina de electroterapia se me alisó un poco y  dejó de verse tan mal, es en un lugar que sólo alguien de confianza lo puede ver, aunque pal verano igual es más visible, aunque intento que no, no sé si odio esa cicatriz, pero aún no he logrado quererla… por culpa de ella a veces recuerdo que las marcas que más duelen no son las que se ven, sin embargo yo aparte tengo ésta para recordármelo.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *